INVIERNO. OTRA VEZ


Sierra Central vs. ¡Cierra Central! Directo: Huancavelica – Miraflores
November 19, 2009, 9:22 pm
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Estuve el fin de semana pasado en Huancavelica. Sí, fui a parar a la así llamada “ciudad del mercurio” que en estos últimos años tuvo para jactarse de ser el lugar más pobre del Perú y una de las zonas más heridas durante los años de violencia política. Debo confesar que desde hace tiempo quería conocer lo que yo había imaginado como un recodo de dolor y desesperanza, por lo que fui totalmente abierta a lo que Huancavelica me quisiera decir en esos pocos días. Y escuché.

En principio, destacaría que las personas con las que conversé valoran más que muchos la posibilidad de poder construir vínculos en los que sea posible la confianza. Ante la experiencia radical que han vivido, saben ya a ciencia cierta que sobre la desconfianza no se construye nada.

Luego, una firme y buena voluntad para hacer y ponerse de acuerdo. Se imaginarán sobre todo en lo que hace falta ponerse de acuerdo por allá… En un lugar con las necesidades no satisfechas que tiene Huacavelica, sin una buena voluntad para avanzar juntos, no se hace nada. Para alegría de todos debo decir que en Huancavelica hay gente de buena voluntad.

Finalmente, mi visita me despertó algunas sensaciones ya adormiladas por mi querida pero pretensiosa Lima sobre el respeto por lo que se tiene. Si bien en Huancavelica no hay mucho de qué estar orgulloso, de lo que sí hay es de cosas que respetar. En Huancavelica se corre la voz de que que los logros se valoran y respetan. Confianza, buena voluntad y respeto fue lo que, en poquísimas palabras, me dijo Huancavelica.

A la mañana siguiente, llegué a Lima, directo: Huancavelica – Miraflores. Con no poca ironía, en la exposición fotográfica “Lima, me mata”, en el Británico, entre otras tantas cosas de Lima, me cuentan que la muncipalidad de Miraflores había cerrado el “restaurant de moda” (Central). La situación que me narraron me resultó surrealista: varios meses de funcionamiento, restaurant de la competencia pared con pared funcionando libremente, vecindario dividido en favor y en contra de la apertura del local, decenas de policías interviniendo el lugar, vecinos regodeándose en el dolor ajeno, en fin… Pero son dos los elementos que más llaman mi, a estas alturas, asustadiza atención.

Primero, más de un millón de dólares invertidos en uno de los distritos más educados, con más bienestar y calidad de vida en el Perú, que se pretende tirar a la basura por la falta de transparencia en las reglas del juego. Segundo, la osadía para pensar que lo que han hecho las autoridades es lo que los vecinos razonables desearíamos que sea haga. ¿No sería más “generoso” (espero que las comillas le quiten la inocencia a mis palabras), en caso de que se sostenga que alguien está quebrantando la ley, tomar las acciones debidas previamente? Con esa lógica entonces el riesgo de andar construyendo y derrumbando, es peor que lo que desde ya sucede en Miraflores, que se ha sumergido en una involución arquitectónica de desapego al buen gusto que preocupa a muchos vecinos y transeúntes como uno.

Si en el Miraflores, y tómese en cuenta que ya no hablo de Lima ni del Perú, no se puede generar una estructura social y política con la que los habitantes puedan sentirse respaldados para mantener el orden y respeto, es decir, una plataforma en la que esté como base la concertación y no solo leyes confusas que nos llevan al absurdo, entonces yo ya no sé dónde es que se puede.

Mantenernos en una nebulosa respecto de las reglas y al mismo tiempo no promover una flexibilidad razonable para construir una ciudad en constante cambio como es Lima, es la fórmula perfecta para generar situaciones violentas. Las estructuras políticas de las que somos partícipes de un modo u otro todos, generan un clima de alto nivel de conflicto y debemos actuar con conciencia de ello. Las reglas confusas y la falta de verdadera creatividad nos impiden funcionar bien.

Independientemente de si las estructuras con las que contamos (sociales, políticas o económicas) se transformen algún día en beneficio de los ciudadanos (me da miedo de solo pensar que decidamos esperar a que esto suceda!!!) actuar con conciencia de cómo nos afectan y cómo podemos abrirnos paso ante el absurdo, creo que cobra caracter de urgencia y significa poner en uso lo que me dijo Huancavelica: confianza, buena voluntad y respeto.

Confianza en el otro y en que no nos apuñalará por la espalda mientras nos abraza, menos cuando se trata de nuestros más próximos. Buena voluntad, para construir juntos y buscar los caminos que nos permitan con-vivir de la mejor manera y no solamente vivir como individuos aislados. Respeto, por el esfuerzo y trabajo del otro, en una ciudad suficientemente descarnada e ingrata como para echarle unas gotas más de mezquindad.

Personalmente, que me digan que la ley se cumplirá y que por eso hay que cerrar y desconocer el esfuerzo de otros lanzando a la basura tanto dinero y buen trabajo (porque si algo hay que reconocer es que en Central hay trabajo) no me hace sentir mejor. No sé quién se puede sentir mejor con eso.

Esa mano dura y ciega sí que la necesitamos urgentemente, pero en nuestra selva en donde se invaden y destruyen terrenos todos los díás desplazando a quienes solían vivir ahí, por poner un ejemplo. Por su parte, en la calle Santa Isabel de Miraflores, creo que podríamos estar listos para buscar otras salidas menos inmorales y desfazadas de la realidad de este país aún tan pobre, y aprender para el futuro de una ciudad que recién empieza a hacerse.

Ah! y solo para las actas: a eso de las 7 de la noche, salir de Hierbateros en bus hacia las afueras de Lima en un trayecto que debería tomar media hora, podemos pasar tres horas sin movernos en algún cruce endemoniado. Por ahí, Lima no está tan linda como nos cuentan.



ABORTAR LA HIPOCRESIA
October 29, 2009, 12:26 am
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Pregunto en clase de derechos humanos a mi audiencia, hombres y mujeres, la mayoría mayores que yo, “¿y ustedes qué piensan de este tema del aborto?” Un par de voces desde el fondo, “¡en defensa de la vida! ¡abortar es matar! ¡esas son madres asesinas!” me gritan atropellando las voces. “¿Les parece si pensamos juntos sobre este tema, cómo si nadie lo hubiera pensado aún?” – propongo. “Noto en su manera de hablar demasiadas emociones y así no se puede pensar” “¿Ponemos la culpa (la bendita culpa) a un lado para pensar con libertad? Quizás lleguemos al mismo lugar en el que ahora estamos, pero veamos a dónde nos lleva pensar solitos”- propongo ingenuamente.

Es entonces cuando esta mujer hace explícito lo que sabemos pero nunca había oído de manera tan literal: “¿pero cómo vamos a pensar sin culpa?, si es la culpa la que nos hace ser buenas personas… por lo menos a los que queremos serlo!”, acusándome muy sutilmente de estar fuera del ámbito de lo que ella y otros consideran que es ser buenas personas.

Al salir al descanso, una de las mujeres me dice como en secreto pero en voz no tan baja. “Pero qué tanta cosa, si te tomas unos mates de coca bien cargados y ya nadie dice nada”. Luego el hombre de más allá, que podría parecerse a algún tío mío, se acerca y me dice riéndose, “uuuy no creo que convenzas a nadie ah, pero si sigues hablándonos quizás logres destapar aunque sea un poquito.” ¿Convencer? ¿a quién? ¿de qué?, ¿de pensar libremente? ¿De eso hay que convencer a alguien?

Si en este país se van a tomar decisiones políticas y éticas sin una reflexión y visión comprensiva de la realidad, y se va a posponer hasta quién sabe cuándo el esfuerzo de elevar los estándares de vida y fomentar la libertad – responsabilidad de sus ciudadanos, creo que nuestras publicitadas pretensiones de ser un país moderno en el que además nos ufanamos de valorar la diversidad (supongo que esto incluye la de pensamiento), son preocupantemente bajas.

Si este no va a ser un estado laico y se van a tomar decisiones vitales desde la perspectiva de la fe de algunos creo que estamos por lo menos en derecho de saberlo para tomar nuestras no tan divinas providencias en todos los ámbitos de la vida. No podemos seguir habitando la hipocrecía ni alimentando con palabras absurdas y silencios cómplices los dobles discursos y la incoherencia sitemática. Parece que por lo pronto nuestras más importantes decisiones las seguirá tomando el libre mercado y la fe de unos cuantos. ¿Nosotros? No nosotros no, cualquiera menos nosotros. Hipócrita escenario liberal.

Al regresar de dictar el curso durante todo el fin de semana, debo confesar que estaba agotada. Me metí en la cama y me di cuenta de lo cansada que estaba y de este airecito de resignación que se había colado por el cansancio. “Necesito algo en qué creer” – sentí. Una religión que tenga como únicos dos mandamientos: Pensarás y No obligarás a nadie a creer en nada junto contigo. Amén.



Un líder anticuado. Con anti de anti – sistema
July 7, 2009, 11:06 pm
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Juro que he intentado encontrar otro adjetivo para hablar de la sensación que me resulta al leer la carta del presidente Alan García titulada “a la fe de la inmensa mayoría1”. Quizás se  deba al hecho de que una vez más en mi vida debo estar formando parte a mi pesar y placer de la inmensa minoría, pero confieso que por más que lo he intentado no me sale ninguna palabra más crítica ni revolucionaria para lo que leo. Leo la carta y no puedo más que pensar: ¡pero qué antiiiiguo!

 

Me extiendo un poco en ideas puntuales expuestas en la carta que creo que vale la pena contrastar con otros y nuevos criterios. Primero una acotación sobre el uso de la palabra “antisistema” en estos días.

 

En un contexto de crisis del sistema financiero como el que se sufre hoy en el mundo, (que si bien aún no se ve con total claridad en nuestro entorno no es que no esté sucediendo), la palabra “antisistema” usada insesantemente en la carta del presidente, ha cobrado nuevos sentidos, nada deleznables por cierto.

 

Si nos sentamos honestamente a pensar en lo que ha significado el colapso del orden financiero (alias “el sistema”) entonces no hay que ser ni violento, ni rezago de la izquierda comunista de los 70`s, ni fan de los senderistas, ni agitador, ni salir a detener el tráfico para tener un pedazo de nuestro corazoncito sintiéndose un tanto “antisistema”. De hecho me pregunto si es que al criticar y lamentar ese “sistema” que propone la represión en lugar de la prevención de la violencia tal y como es costumbre en nuestro país, entonces ¿me convierto en una antisistema? En un mundo quebrado hablar de “antisistema” es poner demasiadas iniciativas y conocimientos en un mismo saco.

 

¿Cómo es que se reconoce a los peligrosos “antisistema”? Además de las anteriores caracterizaciones, la carta del presidente nos da algunos indicios de los que él considera importantes indicadores para reconocer a este grupo. Entre ellos uno que llama mi atención: su “táctica es la captura de los instrumentos de decisión y comunicación.  En Rusia de 1917 los revolucionarios clásicos querían tomar los cuarteles y las oficinas  del gobierno, pero Trotsky comprendió que era mejor tomar los trenes, los telégrafos y las radios. Los de ahora saben que no pueden ganar las elecciones  ni pueden tomar los cuarteles porque han asesinado demasiados soldados y policías, por eso, sólo se multiplican en los blogs, azuzan a los comunicadores, se adueñan con violencia de la noticia”.

 

Creo que en general sufrimos aún de poco conocimiento sobre las dinámicas de las nuevas plataformas de comunicación que nos ofrece internet, pero algunas realidades como lo sucedido en Iran y Honduras en los últimos días nos pueden servir de referentes. ¿Alguien podría sostener que la sociedad civil movilizada en estos países, actualizando sus blogs, informando a través de Twitter y Facebook a cada segundo, pertenecen a un grupo concreto y absolutamente definido que busca capturar los instrumentos de decisión y comunicación? Seguramente habrá algunos que usen estas herramientas para estos fines pero lo cierto es que la variedad de contenidos y perspectivas ofrecidas así como las voluntades que se congregan en estos medios, son mucho más variadas y complejas que lo que se nombra con un simple “antisistema”.

 

Creo que en el Perú, concretamente durante los acontecimientos de Bagua, ha sucedido muy a nuestra manera lo mismo. Quienes hayan tenido la oportunidad de recibir información a través de las distintas redes sociales como Facebook o Twitter o que han seguido los eventos a través de algún blog, coincidirán conmigo en que aquí había gente interesada no tanto en meterle cabe al curso tradicional de las cosas sino en dar su opinión, proponer salidas y hacer saber su sentir. En resumen, una extensa fuente de esfuerzos, ideas y sentires de gente diciendo esta es mi voz.

 

Esta gente que en su mayoría es joven, no se conoce, nunca se han visto, no pertenecen y muy probablemente no quieren pertencer a ninguna organización que los agrupe, ni los reune una tendencia ideológica común. En lo que sí están de acuerdo es en que las cosas podrían ser diferentes y se animan a decirlo a través de los canales en los que se les permite. Se trata de una población no institucionalizada que poco a poco descubre y redescubre que tiene “el poder” para hacer que ciertas cosas sucedan. Contra la creencia popular que puntualiza el presidente en su carta de dicta que los peruanos tienden a “sospechar de todo”, resulta que dentro de estas plataformas de intercambio, las personas extienden novedosos vínculos de confianza hacia sus interlocutores y hacia las personas que los proveen de información a pesar de jamás haberlos visto. Efectivamente, gente confiando en gente.

 

No obstante, esta confianza en los más remotos desconocidos no es ciega ni desentendida. Es otro tipo de confianza basada en que quien transmite cierto mensaje (vía blogs, Facebook, redes sociales temáticas como Avaaz, Twiter etc.) no tiene nada que esconder así que expone su posición abiertamente. En estas condiciones de apertura como las que hoy se nos ofrecen, el filtro estará dado por quienes lo leamos y sumemos a sus argumentos o critiquemos hasta que las ideas menos apreciadas se disuelvan en un mar infinito de opiniones distintas. En otras palabras, no es que por el hecho de que se cuente con los canales para proponer que debemos tirar abajo los árboles de toda la ciudad en apoyo simbólico a los pobladores de la Amazonía, la población de Lima en pleno va a unirse a la causa, eso sería subestimarnos. Muy probablemente, lo leeremos, comentaremos al pie de su propuesta, invitaremos a otros lectores a ignorarla y finalmente la ideíta habrá sido descartada por ser claramente un contrasentido.

 

¿El nombre de esto? Colaboración. La gente participa y aporta en la convicción de que tiene algo importante que decir y ofrecer, rompiendo así la lógica tradicional de un ciudadano meramente receptivo por la de uno propositivo o al menos no pasivo. La competencia, estadío anterior al de la colaboración en las sociedades, no tiene mucha cabida aquí pues no hay nada ni nadie a quien ganarle, no hay un lugar al cual llegar, no hay premio que recoger, ni masas a quienes convencer o azuzar. La verdad y la realidad se van construyendo “en vivo” en revolucionarias dinámicas donde confianza, transparencia y cooperación son la mejor defensa .

 

Aunque aún hablamos de un porcentaje mínimo de la población participando de esta forma, me anticipo a lo que se vislumbra como inevitable con la pregunta: ¿cómo se relacionará un gobierno como el actual en el Perú, con una población empoderada ya no a través solo de los medios tradicionales por los que se elige cada cinco años a quien nos representa, sino gracias a herramientas que superan esas escalas y nos permiten decir, elaborar y relacionarnos con gente que piensa igual que uno?

 

Definitivamente, etiquetándolos como parte indiferenciada de un grupo de revoltosos no es la mejor estrategia, menos aún cuando lo que se debería buscar es hacer alianzas que sumen para mejor y no exacerbar las pequeñas divergencias hasta hacerlas ireconciliables. Aplaudir las iniciativas pacíficas que han surgido durante estas últimas semanas como debates en las universidades, grupos espontáneos de información confiable, foros informativos, entre otros, sería un excelente aliciente que los líderes políticos podrían aportar en tiempos violentos. “El monopolio de la movilización y el grito está en manos de los antisistemas” se señala con miedo y cómo no, si es que eso solo significara violencia. Afortunadamente no es así.

 

La mayoría demócrata y racional” no se ha quedado silenciosa como se sostiene. Una parte de esta mayoría ha dicho lo que piensa de manera pacífica y articulada y se ha esforzado por informarse correctamente, lo cuál no es tarea fácil. Según lo entiendo es esta una forma nueva de ser ciudadano, y repito, algo que en una democracia en evolución primaria y constantemente en riesgo debería ser celebrado y fomentado. Esa sería también una forma de colaboración. Por lo menos yo, no he encontrado ninguna referencia de nuestros políticos a estos esfuerzos.

 

En fin, quizás lo más anticuado de todo me parezca esta constante alusión a los buenos y los malos como si de vaqueros se tratara. De hecho, me recuerda un poco a una anécdota vivida con mi hermana. Echadas en la cama de mi mamá viendo alguna película, creo que por coincidencia durante el primer gobierno de Alan García, ella me preguntaba con real preocupación sobre cada personaje, “¿y ese es bueno o malo?”. Cuidar a la niña huérfana en el desierto y a la vez haber matado a su propio tío antes de huir de la cárcel nos hacía difícil saber de qué bando era el señor. Yo la miraba y levantaba los hombros en gesto de qué se yo. Teníamos 11 años.

 

 

 

 

 

 



CLASES DE VIOLENCIA
June 7, 2009, 9:57 am
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No voy a hablar aquí de mi posición en defensa de la vida, ni de lo lamentables y evitables que han sido las muertes que hasta hoy tienen lugar en la Amazonía. Más urgente encuentro distinguir algunas pautas desde las que podamos leer y entender un poco mejor lo que está sucediendo y de esa manera tener algunos criterios adicionales con los cuales juzgar y quizás proponer soluciones a la situación actual.

Prensa y gobierno no nos aportan mucho de estos lineamientos, toda vez que se encuentran entrampados en interpretaciones exclusivamente políticas y economicistas de los hechos, que poco o nada nos dicen de cómo llegamos hasta aquí y cómo podríamos haberlo hecho diferente.

La violencia no se reduce a la muerte de 31 personas hasta el momento en la zona de Bagua. La violencia no se inicia con el primer nativo o policía muerto y termina con el último. La violencia no empezó con el bloqueo de carreteras. Sería esta una visión no solo reduccionista sino también peligrosa de la violencia.

Reduccionista en el sentido de que desconoce formas anteriores y diferentes de “ser violentos”: además de la violencia directa que se manifiesta en el uso de armas y consecuentes muertes, estas otras formas de violencia son estructurales y culturales y están tan profundamente enquistadas en la realidad, que no logramos verlas.

Asimismo, pensar que violencia solo es la que resulta de las armas y los enfrentamientos físicos es peligroso porque da carta blanca a formas de violencia milenarias como las sostenidas en el racismo, la esclavitud, el totalitarismo, la supremacía de género y edad o la violencia de pretender una única verdad y una única forma de ver el mundo.

Debe quedarnos claro que ninguna de estas formas recientemente enumeradas son independientes ni acaban en sí mismas. Violencia de índole estructural, como leyes inconstitucionales, o cultural, como discriminación y racismo, resultan siempre en violencia directa, de esa que mata a mansalva.

Siguiendo esta línea habría que decir que este capítulo de violencia en Bagua se funda en el momento en el que se formularon leyes y decretos sin consultarles a los que se verían más afectados: la gente de la Amazonía, sus habitantes de toda la vida. Dichas estructuras violentas dieron fruto a más violencia: la masacre de Bagua. Ambas formas de violencia deben ser interpretadas como vinculadas y fomentadas una por otra.

Habría que decir a nuestros líderes (políticos) que su accionar dentro de nuestro supuesto orden democrático ha sido violento, desinformado y poco cauto y que en ese sentido son todos responsables por lo que hoy pasa en nuestra Amazonía.

Sería importante también usar esta terrible circunstancia para llamar nuestra atención sobre lo que hasta hace no mucho se discutía: la urgencia de recordar e incluir nuestra experiencia en nuestras futuras acciones. Recordar en casos como este la historia de abandono de la selva peruana es no solo un derecho a la memoria, sino un deber de quienes nos guian al momento de hacer propuestas que pretenden desarrollo e inclusión. Caucho, madera, Sendero son palabras que se recuerdan aún en esa zona.

Habría que decir que, muy aparte de intereses políticos, lo que se pareciera movilizar a muchos nativos de la zona es desesperación ante una situación que los sobrepasa. Una desesperación que radica en la imposibilidad de ser tomado en cuenta, de no valer lo mismo. Aunque se diga o pretendiera lo contrario, el mensaje del gobierno al no haber considerado la opinión de los pobladores de la zona es una vez más el mismo: tú vales menos.

Diría también a nuestros líderes que las muertes ocasionadas por ambas partes son condenables y que ojalá hubieran sido evitadas con mejores canales de comunicación y diálogo, canales que son responsabilidad del gobierno mantener abiertos y disponibles para todos sus ciudadanos de manera constante y no solo en casos de extrema crisis. Policías y nativos muertos se merecían esta posibilidad y era obligación de nuestros líderes ofrecerla y evitar esta catástrofe humana.

Finalmente habría que recordarles que hoy más que nunca es necesaria una verdadera vocación por la paz, que sus prejuicios, deslices y errores de cálculo nos están costando la vida y que cuando de tantas muertes se trata, “máxima sanción”, “tierra puesta en valor”, “desarrrollo, empleo e inversión”, suenan tan hueco como el “comercio justo” de Starbucks o la opción de “menú light” del Mac Donalds en medio de la plaza de Cuzco.



“Limitaciones que inspiran” o “El diseño de sistemas cibernéticos complejos”
May 17, 2009, 9:26 pm
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Entre estas dos frases ando aún, como para ponerla de título a esto que escribo. A ver si me ayudan a decidirlo. Sucede que desde que “se inició la crisis”, luego llegó esta peste que han optado por llamar gripe porcina y se me hicieron evidentes algunos de los riesgos que trae esto de estar vivo -como tener que someterme a una operación que no me ha permitido moverme como quisiera- no he podido más que pensar en la idea de la limitación. Me refiero a la “im-posibilidad” de algo que antes era posible. Eso de lo que andas limitado. Sí, la limitación me ha hecho pensar en la limitación.

Las crisis, todas ellas, son una limitación llevada a la potencia. Son la exacerbación de las limitaciones que, en este caso aprovechemos de recordar, no solo se muestra en restricciones en términos económicos o de salud, sino también en el campo de lo simbólico donde ante lo inminente (la limitación), empiezan a surgir o re-aparecen otras maneras de control, de figuración, de poder, de creación, de relación. Durante tiempos de crisis, ante la limitación, los seres humanos nos vinculamos de maneras otras.

De hecho, hay varias formas de lidiar con la limitación que han estado llamando mi atención desde hace ya un tiempo, mucho antes de caer temporalmente en “La Limitación”, pero recién tengo la capacidad de ver en conjunto y por ello de intentar describirlas aquí. Son estas pues algunas reflexiones de primera mano sobre mi experiencia de lo que, de un momento a otro, se torna no-posible.

En primer lugar me interesa comentar aquí esas ocasiones en las que la limitación o la imposibilidad son entendidas como error: la inexactitud o equivocación de un elemento para participar y funcionar en una red de dinámicas ya establecidas. En otras palabras, el error como eso que no encaja en el sistema o mejor, desde otro punto de vista, eso para lo que el sistema no tiene respuesta.

La experiencia más cercana que tengo para ejemplificar esto de lo que hablo está todavía en mi cuerpo. Desde que la humanidad existe, el cuerpo y sus aparentes errores o limitaciones concretas y simbólicas, han confabulado para poner a unos dentro y dejar a otros fuera de esto llamado bienestar (bien-estar en algo que está ordenado y establecido previamente). Blanco o cobrizo, pene o vagina, estructura ósea angulosa o curva, super-dotados o minusválidos, son detalles que han determinado desde el inicio de todos los tiempos quién se queda y quién se va. Nariz alargada o corta pudo significar vida o muerte en Rwanda (1994) durante el genocidio de más de 800,000 tutsis en manos de las milicias hutu. Feto de niño o feto de niña podría significar vida o muerte en una India donde el pago del Dowry[1] al marido trae muchas veces la ruina económica de la familia de la novia. En India se realizan pues once millones de abortos al año y casi su totalidad son de niñas. Tutsi – error, Hutu – acierto, niña – error, niño – acierto.

Como todo error, definido de manera burda como aquello que no debería suceder porque contradice el óptimo funcionamiento del sistema, el hecho de que no pudiera caminar tras la cirugía es algo que “no debió suceder” pues pone brutalmente en riesgo a ese sistema en el que yo debería estar pese a todo, a las nueve de la mañana sentada en mi escritorio en un sexto piso para hablar de creatividad a un grupo de treinta personas. Sin estacionamientos para minusválidos, sin veredas para movilizar sillas de ruedas, sin ascensores para llegar a esos alejados sextos pisos no me queda más que sentir que sí pues, de pronto, soy un error que contradice: mi mal-estar dentro del sistema afecta el bien-estar de esos que se relacionan conmigo.

Pese a todo y muchos, logro llegar a la universidad y en la puerta el vigilante de siempre me mira con otros ojos, ¿silla de ruedas? No me hago de rogar ni un segundo. Chica fácil se sube a la silla y llega relajadamente a la sala de profesores gracias a la buena voluntad y el empujoncito de este extraño. Un colega me dice generosamente que cambiará de aulas conmigo, las suyas están en un pabellón que tiene acceso a un ascensor. Tardo unos minutos en entrar al salón, por mi pierna pero por encima de todo, porque la puerta de la clase está con llave y me toma tiempo dar saltitos en un pie hasta llegar a ese teléfono en el pasillo, que en no sé qué momento me pareció genial, para pedir auxilio técnico. La computadora ya registró mi tardanza así que automáticamente me envían un email pidiéndome que revise el estatuto no sé cuantos, en el que se señala que la tardanza es “penada”. Sin embargo, existe esta mujer a la que luego yo llamo desde la comodidad de mi casa y le explico todo, lo bueno y lo malo, y ella me entiende y corrige el error, no a mí, sino al producido por un sistema que olvidó lo humano. Las mejoras en términos de flujo de información y desarrollo de mecanismos y tecnologías de comunicación nos permiten corregir muchos errores pero sin la intervención humana, los vacíos que quedan son insalvables: sin el vigilante, sin mi colega, sin la mujer del teléfono, esto hubiera sido realmente imposible. Sin siquiera mencionarlos, el sistema se apoya y cuenta con ellos.

Por otro lado, existen limitaciones positivas las cuales no solo se busca conservar sino que se promueven. Últimamente, los estudiosos del pensamiento creativo empiezan a valorar lo que en jerga disciplinaria se llama “coacción creativa” refiriendo a esos parámetros que facilitan los procesos de creación. La coacción creativa responde a la pregunta de si no será que la absoluta libertad para la creación ha estado siendo un tanto sobrevalorada. La respuesta según algunos es Sí! La absoluta libertad dentro de un proceso creativo tiende a paralizar a muchas personas: obnubilados por la infinita gama de posibilidades, “el creativo” no logra definir claramente por dónde empezar ni adonde llegar, originando que la absoluta libertad, tan deseada en algunos momentos, sea una verdadera traba para la generación de nuevas ideas[2]. “Primero encuentro, después busco”, nos dirá Picasso.

A esto mismo responde la aseveración de que ha sido en tiempos de crisis en los que los seres humanos hemos innovado y revolucionado los distintos campos de pensamiento y actuar humanos. Ya Albert Einstein hablaba de la crisis como una bendición que le sucede a personas y países por los progresos que trae. La creatividad nace de la angustia, como el día nace de la noche oscura, diría. Algo similar sostuvo Clayton Christensen, experto en innovación y autor del Best Seller El Dilema del Innovador, cuando se le preguntó sobre sus proyecciones ante la actual crisis financiera: “Si le das a la gente un montón de dinero, les das el privilegio de elegir e insistir en la estrategia equivocada por un largo tiempo. En un ambiente donde tienes que sacar adelante innovaciones rápidamente y mantener los costos de esa innovación bajos, la probabilidad de lograr el éxito son mucho mayores… Las innovaciones de avanzada llegan cuando la tensión es mayor y los recursos son más limitados. Son esos los momentos en los que la gente está mucho más abierta a repensar la manera en la que hacen negocios.” La crisis, la exacerbación de la limitación, bien asumida y conducida, podría ser equivalente a eso parámetros que cualquier creativo pareciera preferir tener al momento de generar y desarrollar ideas.

Una tercera y última forma de abordar la limitación que me tiene cautiva desde ya hace un buen tiempo, es la de los llamados sistemas complejos. En una versión simple podemos decir que un sistema complejo, es uno que cuenta con dos o más componentes, distintos y conectados entre sí. Si se incrementa la variedad de elementos propios del sistema complejo X entonces diremos que X posee una elevada “complejidad estructural”, si se eleva el número y fuerza de las conexiones entre dichos elementos se hablará de un incremento en su “complejidad funcional”. Entonces, un sistema será más complejo si se le distinguen más partes y mayor cantidad de conexiones entre ellas, es decir, cuando a la vez que es más diferenciado, es más integrado. Cuanto más complejo sea el sistema, más difícil será de modelar, lo que ha conllevado a que en el uso común se diga que algo es “complicado” cuando lo que se quiere decir es que es “complejo”. Ejemplos de sistemas complejos serán pues los ecosistemas, las células, los seres vivos, la conciencia, las ciudades, las colonias de hormigas, entre miles de otros. Entre las muchas características que tiene cualquier sistema complejo, en este caso voy a subrayar dos de ellas.

En primer lugar, todo sistema complejo es abierto. Energía y materia fluyen a través de él. Dado que es complejo, se le puede entender como una máquina que genera orden para lo que requiere de una inyección de energía constante. Este fluir de materia y energía es la materia prima con la que todo sistema complejo se conserva vivo. A diferencia de los sistemas cerrados (algunos hacen una diferenciación con sistemas aislados) que se mantienen aislados del ambiente que los rodea, el sistema-complejo-abierto se mantiene en constante interacción con su entorno, tanto así que es difícil determinar sus límites y dependerá del observador si califica algo como entorno del sistema complejo o como parte del mismo.

En tanto abierto a la interacción y al paso de energía y materia, los sistemas complejos no están sometidos a la Segunda Ley de de la Termodinámica por la cual la calidad de energía de un sistema se degrada irreversiblemente y en consecuencia, sin provisión de nueva energía por parte del entorno, el sistema moriría. Es precisamente a la magnitud que mide la parte de la energía degradada que ya no puede utilizarse para producir un trabajo a lo que comúnmente llamamos entropía. Un ejemplo de un sistema social concebido como un sistema cerrado son los sistemas autoritarios y radicalmente excluyentes.

La segunda característica de los sistemas complejos que quiero resaltar es la que los define como un sistema adaptativo. En tanto los sistemas complejos emergen a partir de sus partes (autoorganización) y su “gobierno”[3] ni su “generación” dependen de un elemento externo, el sistema complejo es capaz de responder a cualquier estímulo o situación externa que amenace su estabilidad como sistema. Si bien esto tiene un límite, se dice que “el sistema se acomoda en un estado y que cuando es apartado de él tiende a hacer todos los esfuerzos posibles para regresar a la situación acomodada. Esto ocurre por ejemplo con el cuerpo humano que lucha constantemente para mantener una misma temperatura corporal, o las estrellas cuya estructura se acomoda para mantener siempre una luminosidad casi constante”[4]. Así, en el caso de los sistemas sociales humanos, que son los que inspiran esta reflexión, la capacidad adaptativa estará determinada por la habilidad de las instituciones y redes de aprender y almacenar conocimiento y experiencia, su flexibilidad creativa en la toma decisiones y resolución de problemas así como por la existencia de estructuras que respondan y consideren las necesidades de los más diversos actores.

Tomadas en cuenta estas dos características es fácil de entender cómo es que la limitación y el error son concebidos dentro de estos sistemas y por qué me tienen capturada. Lo otro, lo diferente, lo que aún no ha sido tomado en cuenta, la limitación, lo no- posible, es abrazado e integrado dentro de dinámicas flexibles y en esa medida el sistema no se enfrenta a lo que no contempló ni se desestabiliza irreparablemente, sino que se acomoda para hacerlo formar parte. En este formar parte es que el sistema de complejiza, es decir, como ya veíamos, se vuelve cada vez más diferenciado, integrado y por tanto, funcional.

Para graficar esto me valgo de la analogía que hace Anthony L Suchmanen en su ensayo titulado “Reducción del Error, Sistemas Complejos y Cambio Organizacional[5]”: “En las teorías tradicionales de la administración se entiende a la organización como una máquina que debe ser diseñada y operada por sus líderes con todos los demás sirviendo con precisión –funcionando sin problemas, consistentemente y haciendo exactamente lo que se espera de ellos. Teóricamente, cuando se necesita un cambio, los líderes rediseñan la máquina y todos responden a las nuevas especificaciones. En la práctica, esta aproximación frecuentemente conduce a cierto nivel de decepción, consecuencias no calculadas, ansiedad y la sofocación de la creatividad.

Por otro lado, en las prácticas de administración basadas en la complejidad, una organización puede ser entendida como una conversación. Todos ayudan a crearla; a más rica la diversidad de voces, más creativa será la conversación. Que la conversación tome giros impredecibles es aceptado como el modo natural de las cosas, no es visto como un error y más bien se ve como una oportunidad para descubrir cosas grandiosas. La conversación no puede ser diseñada ni controlada pero sí puede ser influenciada. Los líderes más efectivos buscan transformar la organización cambiando la naturaleza de su propia participación y los temas que presentan mostrándose ellos mismos dispuestos al cambio. Ellos escuchan, rastrean y siguen todo eso que dirigen, ayudando a la organización a asumir la constructiva tensión que origina el franco desacuerdo.”

Para terminar vuelvo al inicio. Las crisis no solo se nos muestran como una exacerbación de la limitación, sino como una transformación en las maneras en las que los seres humanos nos relacionamos. Las actuales crisis, además de todo lo que nos demuestran sobre la caducidad e i-responsabilidad de ciertos modelos, ponen de manifiesto sin vergüenza, las particulares características que deben tener nuestra presente y futura manera de entender y vivir el mundo. Creatividad, adaptabilidad y apertura parecieran quedar cortas y sin sentido cuando solo se le exigen al mercado y no a las mentes.

 

 

 

 

   

 

 


[1] Se llama Dowry al sistema por el cual la familia de la novia le entrega una suma de bienes y dinero a su futuro marido. Muchas veces la familia de la novia incluso se endeuda con el banco para poder satisfacer las demandas de un “buen marido”. Este es uno de los principales motivos por los que en India se realizan abortos tomando como criterio el sexo del feto.

 [2] Podemos ver esto en un ejercicio simple de tres pasos que deben realizarse por separado:

  1. Piensa en una historia (tienes 30 segundos desde este momento)
  2. Piensa en una historia que trate sobre dos ladrones (tienes 30 segundos desde este momento)
  3. Piensa en una historia que trate sobre dos ladrones que son hermanos y han pasado su vida juntos. Durante todo este tiempo uno ha guardado un secreto pero cada vez es más duro mantenerlo escondido. Este hecho está empezando a afectar su trabajo y el ladrón que guarda el secreto está realmente asustado. (tienes 30 segundos desde este momento)

Generalmente a la pregunta de cuál de los tres casos resultó más fácil de pensar, las personas responden que la tercera. A pesar de que la libertad creativa es siempre vista como algo positivo, en casos como este, tener total libertad de escribir cualquier tipo de historia tiende a paralizar a la gente.  Este mismo ejercicio y una reflexión interesante sobre “coacción creativa” puede ser encontrada en: http://lateralaction.com/articles/thinking-inside-the-box/

[3] La raíz de la palabra cibernética proviene del griego Κυβερνήτης (kybernetes) y es la misma raíz de la palabra “gobierno” y significa “arte de pilotar un navío“.

[4] http://es.wikipedia.org/wiki/Sistemas_complejos

[5] http://www.pubmedcentral.nih.gov/articlerender.fcgi?artid=1495205



Efímero
May 17, 2009, 9:05 pm
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Tus ojos se me han hecho de jabón

Efímeras burbujas incandescentes

Un soplido

y tu mirada ya no es lo que iba a ser.



Cuando la memoria se va
March 2, 2009, 3:08 am
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Dejarnos sin memoria es imponernos el silencio a la palabra, es un callar violento. Recordar es un derecho de cada ser humano y de todos los pueblos.

Cuando la memoria se va yo me quedo.
Me hago de lo que encuentro, las vísceras de mis muertos,
cráneos llenos de lágrimas, junto llantos y los ordeno,
de dolor a pavor.

Tomo las tibias de un hermano generoso y golpeo y golpeo

Cuando la memoria se va las tripas se convierten en las cuerdas de una guitarra que no llora porque los ojos le fueron arrancados.

Los vientres son los tambores que retumban el sonido seco de una bala rompiendo la última capa de piel con eco,
                                                                           la última capa de piel con,
                                                                                                               la última capa de piel,
                                                                                                                                                  los huesos.

Está anocheciendo y algunas mujeres han llegado sin avisar. 69,280 mujeres enfiladas en el arco de esta casa como sombras en silencio.

Desde aquí no puedo ver el final. Sé que vienen a reconocer los llantos de sus esposos porque los cuerpos.

Victoria toma el de Ernesto y lo dobla con un amor que yo antes no había visto.
Lo acaricia y luego con cuidado lo guarda en su espalda para ayudar a Libertad que está desesperada a encontrar el llanto de quien acabó con Ernesto.
Así se doblan los llantos, le dice, con las puntas para adentro.

Si la memoria se va, entonces yo me quedo a llorar con los muertos.

Generosos se levantan y juntan sus huesos. Ya sin vida me preguntan si podría hacer la música de un recuerdo.

Yo tomo dos tibias e ignorante golpeo y golpeo y ellos con sus llantos ya sin puntas acompañan una canción que es himno del dolor de todo un pueblo.

Cuando la memoria se va yo me quedo a cantar con los muertos.