INVIERNO. OTRA VEZ


Con cuidado
July 16, 2008, 11:07 pm
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Una de las frases con las que mostramos nuestra preocupación por que el otro esté bien es “cuídate”. En las despedidas, cuando aún hay dudas de si nos volveremos a ver “yo te quiero” muchas veces toma forma de “ten cuidado”. Cuidar-de (otros y nosotros mismos) es pues una forma de amor que se enseña, se aprende y se reproduce no solo en nuestros vínculos con las personas sino con las cosas que forman parte de nuestro universo concreto y simbólico.

A diferencia de la lógica de la defensa, la lógica del cuidado es gratuita y para ponerse en acción no está sujeta a lo que podría ser visto como una agresión o una ofensa. En otras palabras, cuidar – de es un acto que no se origina esencialmente como respuesta a un estímulo que viene de fuera, sino en el vínculo que tiene un sujeto con las personas o cosas por las que siente afecto. En la valoración de este vínculo es que tiene lugar el cuidado: porque eres importante para mí, te cuido.

Por su parte, la lógica de la defensa es reaccionaria por definición. Uno defiende lo que ha sentido atacado y de no ser así el acto de defender (se) no tiene lugar. En ese sentido, no es un acto gratuito y tiene más que ver con la acción del otro sobre aquello que uno considera importante (o simplemente suyo) que con la atención espontánea que se le da a esas personas o cosas por las que uno tiene algún sentimiento.  

Dentro de estas dos líneas de pensamiento y acción llevamos nuestra vida cotidiana. Al momento de elegir la leche que tomarán nuestros hijos, al hablar o ignorar al mendigo del semáforo de todos los días, al optar por cerco eléctrico – guardia – alarma sin preguntas sobre la inserción de los chicos del pueblo joven vecino en el mercado laboral, al jactarnos de nuestros increíbles (mas no inacabables) recursos naturales, al comer un peruanísimo pulpito en vías de extinción, elegimos entre defender o cuidar. Por eso, asombra vernos sacando cara y poniendo el cuerpo para defender nuestro territorio y nuestro pisco y nuestras papas y nuestros nuestras nuestros y tan poco cuando de cuidado se trata.

Cuidar de lo nuestro es algo totalmente distinto que defenderlo. De hecho no habrá nada que defender si no empezamos cuidándolo. Y si queremos una explicación detallada de de qué se trata cuidar de algo como por ejemplo, nuestras no sé cuántas variedades de papas o nuestras 200 millas de mar peruano y no solo aplicar el pronombre posesivo de forma mecánica, entonces, propondría imaginar lo que le diríamos a un niño si nos preguntara ¿de qué se trata eso de cuidar – de?  Tanteo una posible respuesta por si alguna vez un niño me diera la opción: cuidar – de es poner eso que quieres mucho, en el mejor lugar posible. Es asegurarte de que cuente con lo que necesita para seguir vivo y que no se acabe por una simple distracción. Es darle tiempo, estar atentos, ponerle ganas. Cuidar es una forma de ser con las cosas y con las personas.

Estoy convencida de que “el cuidado” es una de las máximas formas en las que se puede expresar el desarrollo e identidad de los pueblos, especialmente en estos tiempos. Es certeza de supervivencia, mucho mayor que la que nos ofrece defendernos. Sucede pues que la mayoría de veces cuando cuidamos solícitamente de algo, no necesitamos ya defenderlo.

Me pregunto si todos reaccionaríamos tan patrióticamente si no se tratase de defender la peruanidad de la papa, sino de cuidar de los agricultores alto – andinos que desde hace siglos siembran por amor al arte las papitas de colores que en estos últimos meses tanto orgullo nos traen. Es cierto, cuidar demanda más tiempo y dedicación que defender. Defender se enfoca en el resultado inmediato mientras que cuidar mira con atención lo que lo hace posible: sin agricultores trabajando la tierra, no hay papitas de colores, sin bienestar para el otro no hay pleno bienestar para uno, sin pulpo mamá no hay pulpo bebé. Qué simple y qué complicado ¿no?

Sin darnos cuenta, los seres humanos tendemos a meter todo dentro de los paradigmas que nos son familiares y el de la inmediatez de la defensa es de esperarse en el caso de un pueblo como el nuestro con tradición militar, autoritaria y de conflicto. Sin embargo, si queremos realmente avanzar como país, tenemos que empezar a sacudirnos de esas visiones reduccionistas y muchas veces egocéntricas que no hacen más que distraernos de lo realmente importante. Nuestro país no va a crecer porque digamos al mundo que más cosas son nuestras ni porque tengamos 10 de las 8 maravillas, sino solo porque cuidamos de ellas.

 

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5 Comments so far
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Hurra, Sandra! Qué buen aporte el que acabas de publicar. Como profesor de arte marcial, me llega directo al corazón. En particular, en el mundito de la enseñanza del arte marcial, no pareciera haber alternativa a la palabra “defensa” (piense en “defensa personal”), y claro, pues, cómo no preferir decir “cuidado” un concepto más cercano al arte y a la vida. También la segunda parte de “defensa personal” es un condicionamiento. ¿qué nos quedaría para defender o cuidar en lo personal si desatendemos a los/las y lo que nos rodea: lo que no es de uno o una, sino lo que simplemente es?

Bueno, Sandra, nuevamente quiero agradecerte porque has sabido poner en contexto y con los pies en la tierra un sueño que necesita que apostemos por él.

Un abrazote desde el otro lado de la cordillera,

Theo

Comment by Theo Roncken

Varias cosas me suscita tu post, Sandra. Coincido con la trama central del texto: hace falta tener una visión más integral y comprensiva de qué es lo que queremos preservar (en serio y a largo plazo) para darle significado y contenido a ese vocablo que solemos repetir (tan inconsciente como reiteradamente) como “cuidado”. Una palabra que, como leí alguna vez en un ensayo de Eduardo Dargent, se hizó común en los tiempos aciagos del conflicto interno. Hoy se usa como un estribillo que acompana a las despedidas tanto como el trillado “suerte” que en su momento causaba tanta morfa y anotación metafísica a Clarisa y a ti. Pero que, si entendí bien tu oportuna reflexión, evidencia aspectos de nuestra idiosincracia “peruana” (o más bien limena) que denotan, como bien senalas, no sólo el afecto que nos despierta la persona depositaria de este imperativo linguistico, sino también la contradictoria relación que media entre nuestro discurso políticamente correcto, y las secuelas concretas de nuestros actos cotidianos. O algo así. Besos grandes.

Comment by Quique

Sandra:
Aunque comparto el fondo de tu reflexión, nada es tan defiitivo como parece: cuando con ocasión de sus salidas (habitualmente a horas en que mi generación ya preparaba el regreso) le digo a mi menor hijo, cuídate, me contesta inexorablemente: ¿de qué? ¿de qué cuido?, cerrando por el momento cualquier atisbo de comunicación ulterior. Y desde luego, no es porque ignore a qué me refiero.
Un cariño,
Fito

Comment by Fito

Sandra:

Me parece interesante el texto pero podría agregar lo importante de recordar los origenes de las palabras en este caso de Cuidado, cuidar:

Etimológicamente la palabra cuidar deriva del latín cogitare que es pensar, de donde pasó a prestar atención y de ahí a asistir a uno. Así que la etimología del verbo cuidar lleva al pensar.

Aquí hay un punto esencial que determina la actitud de cuidar: es una actividad que parte del pensar, de representarse al otro.

Por otro lado está el tema de que cuidado siempre está asociado con algo negativo o en falta cuando debemos también cuidar de lo positivo, de nuestras amistades, seres queridos cuando están bien, no solo cuando están mal.

un beso.

Nicolás

Comment by Nicolás Tarnawiecki

Hola Sandrita:
Me parece interesante el artículo. Tengo que ser sincera, pues no sabía del gran contexto que abarcaba el “ten cuidado”, entiendo mucho mejor ahora. Y creo que si empezáramos por tener cuidado, pensamos y reflexionamos acerca de lo que queremos mantener, incluso preservar; ya sea una especie animal en peligro de extinción como nuestro paiche, pescado amazónico. Me parece que así evitaríamos el tener que “defender” algo en un futuro, del cual ya sea demasiado tarde.
Éxitos…

Comment by vanessiña




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