INVIERNO. OTRA VEZ


IV Encuentro de Derechos Humanos PUCP. Memoria, etnicidad y violencia.
October 1, 2008, 8:29 pm
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Me he tomado la libertad de modificar mínimamente el título de mi colaboración en esta mesa redonda por las características del tema al que voy a referirme. En este caso he preferido hablar bajo el título, memoria, etnicidad y paz. Quiero plantearnos la pregunta en positivo, quiero preguntar cómo es que podemos pretender paz a través de consideraciones tan trascendentales como memoria y etnicidad. Cómo es que se vinculan estos dos conceptos al de la paz.

En contextos como éste, apuesto por el uso frecuente de la palabra paz,  ante todo porque me da esta sensación de que hay algo que construir, de que hay un camino y un lugar hacia dónde moverse. Me son más útiles las preguntas que resultan cuando pienso en la paz que las no poco interesantes que surgen cuando me enmarco en el concepto de violencia. Pensar en términos de paz me despierta respuestas CREATIVAS, CONSTRUCTIVAS, MUCHO MÁS CONCRETAS.

Entre la pregunta por la violencia y la pregunta por la paz hay pues un abismo de por medio. Toda una forma de pensar subyace al pequeño giro. Pasar de una a otra es reconocer y resaltar que hay materia de conocimiento en torno a la paz, se reivindican sus fines, se validan en otras fuentes sus mecanismos, memoria o etnicidad, por ejemplo. El curso que toman así memoria, derechos humanos, etnicidad, democracia, desarrollo… tiene un matiz diferente cuando se le integra a un discurso explícito y proactivo por la paz.

No puede parecernos una casualidad que al mismo tiempo que los pueblos indígenas amazónicos se levantan ante la amenaza de ver vulnerados sus derechos, haciendo evidente el poco tino de nuestros líderes, algunos miembros del Congreso hayan levantado voz de protesta por una supuesta apología al terrorismo en los textos de quinto de secundaria. Sin entrar en detalles sobre lo que unos buscan reivindicar y otros acallar, me parece que en realidad, una y otra cosa,  se tratan de lo mismo. Una clara manifestación de la carencia que sufrimos de conocimiento e interpretación de las experiencias en torno al tema de la paz así como de los caminos para alcanzarla. En otras palabras, una muestra de nuestra ignorancia sobre la realidad de la paz y sus posibilidades concretas.

De hecho no es una cosa exclusivamente nuestra. Me refiero a los peruanos. El conocimiento y la experiencia sobre estos temas a nivel global es cada día mayor, estudios para la paz, resolución de conflictos, derechos humanos, comunicación no violenta, por dar algunos ejemplos, son temas de los que se escribe y se publica todos los días pero de lo que menos se aplica y se implementa.

Memoria, inclusión y etnicidad no están en cartelera por que paz tampoco lo está. De lo contrario sería imposible no tomarlas en cuenta. 

Dicho esto no puedo más que reforzar lo que ya sabemos. El rol de la universidad en un contexto como el que nos toca vivir nos exige más que nunca proponer los lineamientos conceptuales sobre los que se va a empezar a pensar, actuar y decir otra vez. Pensar, actuar y decir PAZ es parte de la emergencia educativa en la que estamos hoy.

Presiento que orientar nuestro discurso sobre memoria y etnicidad (entre otros temas) hacia un discurso explícito sobre la paz y sus posibilidades, ampliaría el espectro de caminos con los que contamos para responder ante la violencia. Hacer claro que lo que buscamos es PAZ lo que es mucho más complejo (PODEROSO) que estar en contra de la violencia,  es una carta que todavía no jugamos plenamente. 

Si trabajamos con el término paz por delante y nos apoyamos en el conocimiento acopiado durante el último siglo sobre medios y fines para trabajar por la paz, y ya luego decimos memoria y etnicidad, acusaciones superficiales de estar atentando contra el desarrollo o el orden social, etiquetas con adjetivos de pertenecer a grupos que subvierten la armonía por simplemente pensar y hacer una propuesta diferente, no tendrán de dónde sostenerse pues habremos quebrado la estructura lógica que le da espacio a críticas infundadas. Nos habremos movido de los rezagos de la lógica de la violencia que tanto repudiamos a la de la paz que se construye a punta de palabra y acciones concretas. Si movemos nuestro estar “contra la violencia” y la enmarcamos con una apuesta proactiva por la paz, podría eventualmente quedar más claro por qué es que hay una interrogante cuando se llama héroes nacionales a personas que se vieron en la penosa situación de matar en un país en guerra. Se podría quizás empezar a comprender por qué hay desazón en cuanto a que una operación de inteligencia tras meses de desesperación y un saldo de decenas de muertos algunos no la veamos como motivo de ORGULLO NACIONAL sino como un lamentable hecho que nos confronta con  quiénes somos y cómo es que llegamos hasta ese lugar. Se podrá vislumbrar con otros lentes la importancia de recordar.

Cuando trabajamos con la convicción y el conocimiento de la paz por delante y la proponemos dentro del espacio público como fin último de nuestras posibles interrogantes y respuestas se abre un escenario diferente:

En primer lugar, creamos una plataforma de dimensiones marcadamente cualitativas que suman a la que nos ofrece hablar de manera exclusiva en contra de la violencia.

El riesgo de la plataforma que nos ofrece el discurso en contra de la violencia cuando no está inserto dentro de la explícita demanda de paz, está en que da lugar a respuestas cuantitativas. En otras palabras, en el discurso exclusivo en contra de la violencia algunos encuentran espacio para dar rienda suelta a un mal entendido utilitarismo enfocándose, por ejemplo, en el error en el dato de número de muertos, o en el beneficio – perjuicio de acciones que atentan contra la paz, siempre con la excusa de estar bajo el manto de la “lucha contra la violencia”. De este modo se deja de lado la parte más cualitativa de los hechos, por decirlo de algún modo: que más allá del número de muertos y anécdotas violentas, una guerra tuvo lugar y sanar el pasado y aprender para el futuro se han convertido en nuestros más auténticos imperativos morales. Dentro del espectro del discurso por la paz no hay lugar para olvidos de este tipo.

En segundo lugar, el discurso por la paz ofrece una plataforma amplia y menos intrincada, en la que se ve con mayor claridad cómo se manifiestan y se vinculan otras formas de violencia además de la violencia directa (como se conoce a la que resulta de acciones directamente violentas como el uso de armas o guerras).

Sucede que la palabra violencia en su uso más tradicional, tal y como cuando hablamos de los años de violencia sufridos en el país, o del discurso en contra de la violencia, es equivalente a lo que se llama en los estudios por la paz, “violencia directa”. Bajo esta mirada, además de esta, la llamada violencia directa, existen otros tipos de violencia como “la violencia estructural” (por ejemplo, la pobreza) o violencia cultural (digamos el racismo). Todas son formas de violencia y se relacionan y sostienen entre sí. En ese sentido resultaría útil mostrar la forma en la que el discurso por la paz articula, por ejemplo, el vínculo entre pobreza extrema, racismo y que en el Perú tres de cada cuatro víctimas hayan sido quechua hablantes. Desde el discurso por la paz se configuran nuevos caminos para pensar la violencia como fenómeno dinámico y multidimensional y se entienden mecanismos como memoria y etnicidad como parte de una trama mucho más compleja de acciones que buscan la consecución de un fin último llamado paz.  

Hacer explícito nuestro pensar, actuar y decir PAZ nos da un espacio de reflexión para la complejidad del fenómeno de la  violencia y sus múltiples dimensiones. Pero quizás lo más valioso es que destaca los muchos puntos de encuentro que hay entre quienes trabajan para erradicar la pobreza, la discriminación por género o raza, la corrupción o el uso de armas de fuego.  PAZ es un punto de encuentro de pensamiento y acción tanto para quienes defienden el lugar de la memoria y la reconciliación en fases de post-conflicto, la inclusión de grupos olvidados, o los derechos de los refugiados.  Es importante remarcar una vez más que a estas alturas hablar de paz no es referirnos ya a una meta abstracta de la que poco se sabe como aprehender, un ideal de unos cuantos soñadores, ni simple vocabulario religioso, paz no es una realidad posible si no contamos con condiciones concretas que la hagan viable. Más bien, y con mucho esfuerzo, se trata de una de las áreas de conocimiento humano que mejor uso ha dado a la transdisciplinariedad y a la experiencia, lo que ha permitido reproducir nuestro conocimiento en torno a este tema a un ritmo y escalas impresionantes.

En tercer lugar, se plantea un escenario ideal para reflexionar sobre la tan manoseada educación en valores.

Aunque el tema aún se encuentra en un estadio incipiente, poco a poco se empieza a hablar con mayor fuerza en el ámbito académico de las consideraciones éticas que hay tras el discurso, los estudios y la acción por la paz. Esto da lugar a que junto al argumento racional, o razonable, que sostiene la validez de pensar y hacer paz, encontremos el reconocimiento de que existe un compromiso moral en dicho actuar que debe ser tomado en cuenta para una comprensión más amplia y profunda de la paz.

Desde esta perspectiva y sin mayores aspavientos, las disciplinas por la paz resultarían ser buenos ejemplos a observarse para esto que llaman “educación en valores”. Cuando uno opta por estudiar o decide llevar a cabo una labor cuyo fin último es contribuir a una convivencia pacífica, podemos asumir que estamos haciendo un juicio de valor que resulta en una elección para trabajar a favor de la paz. Es difícil creer que aquellos que dedican parte de sus vidas a un campo en donde la paz es un telos, no hayan hecho por lo menos una evaluación superficial de lo que implica paz para sus vidas y la vidas de los otros.

Es más difícil incluso pensar en un individuo que a pesar de trabajar en este campo tenga dudas del rol de la paz para la mejoría de la condición humana. En consecuencia, desde el primer momento, el juicio que se hace para decidir trabajar por la paz está lleno de consideraciones morales. Después de este momento inicial, toda la práctica del sujeto estará seguida de incontables dilemas morales y decisiones que tendrá que abordar con el fin de solucionar dichos conflictos en consonancia con sus virtudes, motivos o creencias. Hallo ahí un campo inmenso de exploración para la educación en valores.

En cuarto lugar, desde la filosofía, el paso a la plataforma del discurso por la paz, nos abre la posibilidad de añadir al debate otras perspectivas éticas adicionales a las que plantea la deontología o el utilitarismo ante el tema de la violencia. Complejizando y no por ello complicando el debate deontología/utilitarismo, el discurso por la paz da comodidad a la aparición de las llamadas ética de la virtud y ética del cuidado para nutrir el debate.

He querido enumerar al menos cuatro de las muchas potencialidades que encuentro en el discurso proactivo por la paz. Este es un esfuerzo por mostrar cómo es que memoria y etnicidad podrían encontrar nuevos caminos de actualización si se vinculan más explícitamente a la paz dentro del discurso público. 

Entiendo que nuestra referencia a la violencia sin mucha mención a la paz podría ser el resultado del momento histórico que nos toca vivir y que un cambio en nuestro vocabulario se tendrá que dar paulatinamente y como representación de una transformación en el pensamiento. Sin embargo, no creo en la espontaneidad para alcanzar este tipo de fines. Revisando la agenda de este encuentro de derechos humanos, de los más de 30 foros, coloquios, mesas y ponencias incluidas para estos 4 días, solo dos incluyen la palabra paz en sus títulos y ésta junto a la palabra guerra. Llama la atención.

Creo que es importante hacer consciente cómo la violencia impregna incluso nuestra forma de entenderla y abordarla. Intuyo que no decir, pensar y hacer PAZ de manera más explícita en el espacio público, incluidos espacios como éste, podría ser herencia de décadas de muerte y dolor. Herencia a la que a través de esta presentación invito a rebelarse.

PAZ. Toda.

Gracias.

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