INVIERNO. OTRA VEZ


Un líder anticuado. Con anti de anti – sistema
July 7, 2009, 11:06 pm
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Juro que he intentado encontrar otro adjetivo para hablar de la sensación que me resulta al leer la carta del presidente Alan García titulada “a la fe de la inmensa mayoría1”. Quizás se  deba al hecho de que una vez más en mi vida debo estar formando parte a mi pesar y placer de la inmensa minoría, pero confieso que por más que lo he intentado no me sale ninguna palabra más crítica ni revolucionaria para lo que leo. Leo la carta y no puedo más que pensar: ¡pero qué antiiiiguo!

 

Me extiendo un poco en ideas puntuales expuestas en la carta que creo que vale la pena contrastar con otros y nuevos criterios. Primero una acotación sobre el uso de la palabra “antisistema” en estos días.

 

En un contexto de crisis del sistema financiero como el que se sufre hoy en el mundo, (que si bien aún no se ve con total claridad en nuestro entorno no es que no esté sucediendo), la palabra “antisistema” usada insesantemente en la carta del presidente, ha cobrado nuevos sentidos, nada deleznables por cierto.

 

Si nos sentamos honestamente a pensar en lo que ha significado el colapso del orden financiero (alias “el sistema”) entonces no hay que ser ni violento, ni rezago de la izquierda comunista de los 70`s, ni fan de los senderistas, ni agitador, ni salir a detener el tráfico para tener un pedazo de nuestro corazoncito sintiéndose un tanto “antisistema”. De hecho me pregunto si es que al criticar y lamentar ese “sistema” que propone la represión en lugar de la prevención de la violencia tal y como es costumbre en nuestro país, entonces ¿me convierto en una antisistema? En un mundo quebrado hablar de “antisistema” es poner demasiadas iniciativas y conocimientos en un mismo saco.

 

¿Cómo es que se reconoce a los peligrosos “antisistema”? Además de las anteriores caracterizaciones, la carta del presidente nos da algunos indicios de los que él considera importantes indicadores para reconocer a este grupo. Entre ellos uno que llama mi atención: su “táctica es la captura de los instrumentos de decisión y comunicación.  En Rusia de 1917 los revolucionarios clásicos querían tomar los cuarteles y las oficinas  del gobierno, pero Trotsky comprendió que era mejor tomar los trenes, los telégrafos y las radios. Los de ahora saben que no pueden ganar las elecciones  ni pueden tomar los cuarteles porque han asesinado demasiados soldados y policías, por eso, sólo se multiplican en los blogs, azuzan a los comunicadores, se adueñan con violencia de la noticia”.

 

Creo que en general sufrimos aún de poco conocimiento sobre las dinámicas de las nuevas plataformas de comunicación que nos ofrece internet, pero algunas realidades como lo sucedido en Iran y Honduras en los últimos días nos pueden servir de referentes. ¿Alguien podría sostener que la sociedad civil movilizada en estos países, actualizando sus blogs, informando a través de Twitter y Facebook a cada segundo, pertenecen a un grupo concreto y absolutamente definido que busca capturar los instrumentos de decisión y comunicación? Seguramente habrá algunos que usen estas herramientas para estos fines pero lo cierto es que la variedad de contenidos y perspectivas ofrecidas así como las voluntades que se congregan en estos medios, son mucho más variadas y complejas que lo que se nombra con un simple “antisistema”.

 

Creo que en el Perú, concretamente durante los acontecimientos de Bagua, ha sucedido muy a nuestra manera lo mismo. Quienes hayan tenido la oportunidad de recibir información a través de las distintas redes sociales como Facebook o Twitter o que han seguido los eventos a través de algún blog, coincidirán conmigo en que aquí había gente interesada no tanto en meterle cabe al curso tradicional de las cosas sino en dar su opinión, proponer salidas y hacer saber su sentir. En resumen, una extensa fuente de esfuerzos, ideas y sentires de gente diciendo esta es mi voz.

 

Esta gente que en su mayoría es joven, no se conoce, nunca se han visto, no pertenecen y muy probablemente no quieren pertencer a ninguna organización que los agrupe, ni los reune una tendencia ideológica común. En lo que sí están de acuerdo es en que las cosas podrían ser diferentes y se animan a decirlo a través de los canales en los que se les permite. Se trata de una población no institucionalizada que poco a poco descubre y redescubre que tiene “el poder” para hacer que ciertas cosas sucedan. Contra la creencia popular que puntualiza el presidente en su carta de dicta que los peruanos tienden a “sospechar de todo”, resulta que dentro de estas plataformas de intercambio, las personas extienden novedosos vínculos de confianza hacia sus interlocutores y hacia las personas que los proveen de información a pesar de jamás haberlos visto. Efectivamente, gente confiando en gente.

 

No obstante, esta confianza en los más remotos desconocidos no es ciega ni desentendida. Es otro tipo de confianza basada en que quien transmite cierto mensaje (vía blogs, Facebook, redes sociales temáticas como Avaaz, Twiter etc.) no tiene nada que esconder así que expone su posición abiertamente. En estas condiciones de apertura como las que hoy se nos ofrecen, el filtro estará dado por quienes lo leamos y sumemos a sus argumentos o critiquemos hasta que las ideas menos apreciadas se disuelvan en un mar infinito de opiniones distintas. En otras palabras, no es que por el hecho de que se cuente con los canales para proponer que debemos tirar abajo los árboles de toda la ciudad en apoyo simbólico a los pobladores de la Amazonía, la población de Lima en pleno va a unirse a la causa, eso sería subestimarnos. Muy probablemente, lo leeremos, comentaremos al pie de su propuesta, invitaremos a otros lectores a ignorarla y finalmente la ideíta habrá sido descartada por ser claramente un contrasentido.

 

¿El nombre de esto? Colaboración. La gente participa y aporta en la convicción de que tiene algo importante que decir y ofrecer, rompiendo así la lógica tradicional de un ciudadano meramente receptivo por la de uno propositivo o al menos no pasivo. La competencia, estadío anterior al de la colaboración en las sociedades, no tiene mucha cabida aquí pues no hay nada ni nadie a quien ganarle, no hay un lugar al cual llegar, no hay premio que recoger, ni masas a quienes convencer o azuzar. La verdad y la realidad se van construyendo “en vivo” en revolucionarias dinámicas donde confianza, transparencia y cooperación son la mejor defensa .

 

Aunque aún hablamos de un porcentaje mínimo de la población participando de esta forma, me anticipo a lo que se vislumbra como inevitable con la pregunta: ¿cómo se relacionará un gobierno como el actual en el Perú, con una población empoderada ya no a través solo de los medios tradicionales por los que se elige cada cinco años a quien nos representa, sino gracias a herramientas que superan esas escalas y nos permiten decir, elaborar y relacionarnos con gente que piensa igual que uno?

 

Definitivamente, etiquetándolos como parte indiferenciada de un grupo de revoltosos no es la mejor estrategia, menos aún cuando lo que se debería buscar es hacer alianzas que sumen para mejor y no exacerbar las pequeñas divergencias hasta hacerlas ireconciliables. Aplaudir las iniciativas pacíficas que han surgido durante estas últimas semanas como debates en las universidades, grupos espontáneos de información confiable, foros informativos, entre otros, sería un excelente aliciente que los líderes políticos podrían aportar en tiempos violentos. “El monopolio de la movilización y el grito está en manos de los antisistemas” se señala con miedo y cómo no, si es que eso solo significara violencia. Afortunadamente no es así.

 

La mayoría demócrata y racional” no se ha quedado silenciosa como se sostiene. Una parte de esta mayoría ha dicho lo que piensa de manera pacífica y articulada y se ha esforzado por informarse correctamente, lo cuál no es tarea fácil. Según lo entiendo es esta una forma nueva de ser ciudadano, y repito, algo que en una democracia en evolución primaria y constantemente en riesgo debería ser celebrado y fomentado. Esa sería también una forma de colaboración. Por lo menos yo, no he encontrado ninguna referencia de nuestros políticos a estos esfuerzos.

 

En fin, quizás lo más anticuado de todo me parezca esta constante alusión a los buenos y los malos como si de vaqueros se tratara. De hecho, me recuerda un poco a una anécdota vivida con mi hermana. Echadas en la cama de mi mamá viendo alguna película, creo que por coincidencia durante el primer gobierno de Alan García, ella me preguntaba con real preocupación sobre cada personaje, “¿y ese es bueno o malo?”. Cuidar a la niña huérfana en el desierto y a la vez haber matado a su propio tío antes de huir de la cárcel nos hacía difícil saber de qué bando era el señor. Yo la miraba y levantaba los hombros en gesto de qué se yo. Teníamos 11 años.

 

 

 

 

 

 

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2 Comments so far
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Literalmente: efectivamente, entre meche cabanillas y alan garcía solo encontramos polillas.

Yendo más allá: basta de peleas de vaqueros, los que sospechan de todos son ellos, los que están en el gobierno. son ellos los que no quieren conversar y los que quieren solo imponer porque obviamente tienen intereses que no los dejan ver más allá.

como dices, sandri, nosotros podemos silenciosamente hacer una diferencia. esto que haces es ya una diferencia. y por eso yo te aplaudo.

Comment by talila

El Perú está cambiando y Alan no se ha enterado. El conflicto de Bagua, aunque me entristece por los asesinatos, también me llena de alegría y esperanza, porque siento que por primera vez nos estamos escuchando, porque nunca siquiera imaginé que un grupo de indígenas de la Amazonía pudiera llegar a tener el poder de hacer que las leyes “de Lima” se deroguen en su favor. Celebro eso y me pregunto: ¿de cuándo aquí el archi-famoso “sistema” ha beneficiado a alguien más que a los gobernantes? O más simple aun, ¿qué es el sistema?

Comment by Dañi




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