INVIERNO. OTRA VEZ


La gastronomía en el Perú. Plaza para todos
October 1, 2008, 5:53 pm
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Una vez más la gastronomía peruana se lució como espacio de encuentro. Muchos de los que antes no nos veíamos las caras, nos encontramos en la Feria Perú, mucho gusto. Lo seductor de la gastronomía peruana, lo que nos tiene encantados a todos, es que se nos presenta como la salvadora, como la que va a hacer lo que nadie sabía cómo hacer.

La gastronomía ha creado un espacio en el que parece que podríamos entrar todos. Lo que sucede con el fenómeno de la gastronomía en el Perú es que se trata de uno de los pocos ámbitos en los que la diversidad ha sido aceptada como algo que nos enriquece. En un país lleno de prejuicios y discriminaciones del más diverso tipo, por fin encontramos un espacio en el que ser más y más diferentes resulta ser algo bueno. En su forma más integral y articulada, la gastronomía es una parada famosa en la red que va desde la agricultura más elemental hasta la moda gourmet, una red que en su evidente interdependencia asume a cada uno de los elementos como necesario. Ni el restaurantero prescindiría del pescador ni este último del limonero.

Sin embargo, pensar en la gastronomía peruana y quedarnos en la idea de espacio de encuentro y mirarlo, quedarnos fascinados y luego hablar de democratizaciones de espacios cuando aún lo único que ha pasado es que “estamos todos juntos”, parecería que es algo que no nos debe suceder. Más que enfocarnos en los procesos democratizantes que tomarán siempre sus propios caminos y tiempos como la historia manda, podríamos empezar por proyectarnos a las posibilidades educativas que un escenario como este nos ofrece. Pasar de pensar en la gastronomía como un espacio de encuentro a asumirlo como un espacio de profunda transformación es tarea pendiente. Por poner un ejemplo, una de las mayores emergencias en las que se encuentra nuestra Lima, es la de empezar a construir una idea de orden. El caos lo ha tomado todo y pareciera que hasta nuestras válidas ganas de querer un poco de orden se han destruido. Si ellos quieren romper todas las calles al mismo tiempo, y construir encima para romper un poco después, y dar leyes y retirarlas y poner rompe muelles y luego quién sabe qué, ese no tiene por qué ser nuestro estilo. Los nuevos espacios públicos que la gastronomía en particular y el bienestar económico en general nos entregan podrían empezar a ser pensados como proyectos en los que se fomentan cierto tipo de valores ciudadanos.

En el caso de la Feria, Perú mucho gusto, por ser el ejemplo más fresco: invitar a la gente a llegar caminando o en bicicleta para evitar tráfico y polución, ofrecer estacionamiento para bicicletas, contar con algún sistema de reciclaje de basura, invitar a los proveedores del mercado a donar una cantidad de sus productos a alguna institución de caridad como se hace al final de las más grandes ferias gastronómicas del mundo; algo tan simple como señalizar correctamente a la entrada y al interior de la feria para que el público se entrene en cómo seguir direcciones, son sólo algunas ideas que podrían aportar al esfuerzo de pensar el gran proyecto que tenemos pendiente los peruanos, responder a la pregunta de ¿quiénes queremos ser?

Ante la ausencia de un Ministerio de Cultura que articule estas iniciativas y la evidencia del potencial que la gastronomía puede tener como gestora de transformación social, se podría empezar a abrir un nuevo espacio para ser creativos y constructivos al mismo tiempo. No necesitamos decir que para estos fines, un enfoque interdisciplinario es un requisito. La idea sería ampliar la transversalidad que inspira a la gastronomía peruana cuando llama a la inclusión y a valorar lo diverso. Ampliarla lo suficiente hasta generar una propuesta realmente novedosa en la que se involucre no solo a los sujetos que trabajan y gozan de esta riquísima manifestación cultural, sino a los ciudadanos que apostamos por un país mejor. Ahí es cuando el verdadero poder de la gastronomía peruana se dejará ver.